viernes, 10 de abril de 2015

'Caballero Luna' (1975) de Doug Moench y Don Perlin

LUNÁTICOS TETRAPOLARES

Nunca he sido mucho de superhéroes con capa. Desde siempre me ha parecido un accesorio inútil, estéticamente hortera y poco funcional. Pero es que además, fardar de ella puede conllevar un serio problema de salud propia poniendo en riesgo de muerte al inconsciente que la luce, y si no, que se lo pregunten a Dollar Bill de Watchmen o a los personajes de la peli Los Increíbles finiquitados por estúpidos accidentes con la dichosa prenda de marras. Pero como en todo en esta vida siempre hay honrosas excepciones prestas a confirmar la regla; El Caballero Luna es una de ellas, por no decir la única.


Personaje de culto donde los haya, Moon Knight vio la luz por vez primera en el número 32 fechado en agosto de 1975 de la por entonces decadente serie regular Werewolf by Night de Marvel Comics. En un intento por insuflar nuevos aires a la colección, el guionista Doug Moench (EE.UU, 1948) ideó a este personaje de motivaciones ambiguas para enfrentarlo al Hombre Lobo protagonista de la serie. El dibujante Don Perlin (EE.UU, 1929) fue el encargado de forjar el primigenio aspecto visual de nuestro personaje de la semana, siendo el resultado final una suerte de “Batman blanco”, experto en combate cuerpo a cuerpo que también disponía de gadgets y métodos de transporte de última generación, además de un arsenal de armas arrojadizas sospechosamente parecidas a las del hombre muciélago de la Distinguida Competencia. La capa era otro de los elementos comunes, aunque la del Caballero (Blanco, que no el Oscuro, ojocuidao…) iba sujeta a sus antebrazos por los extremos (que práctico ¿no?) y era más corta, además de verse rematada por una capucha que ensalzaba todo un conjunto digamos que, er…de aspecto muy setentero, siendo benevolentes.

El cruce entre personajes se resolvió en el número siguiente, pero los lectores, caprichosos como ellos solos, hicieron oír su voz reclamando más apariciones del misterioso Caballero Luna. Lo mismo sucedió con los editores de Marvel Comics de la época, Marv Wolfman y Len Wein, quienes convencidos del potencial del personaje instaron a guionista y dibujante a crear una nueva historia suya, pero esta vez en solitario, a la que pudieran dar salida en cualquiera de las colecciones genéricas de la Casa de las Ideas para ir tanteando a la criatura en vistas a un hipotético desembarco en su propia serie regular. Dicho y hecho, en junio y agosto de 1976 aparece una nueva aventura del personaje, publicada esta vez en los números 28 y 29 de Marvel Spotlight. En ella se plantan los cimientos del personaje, dotándole no de una ni de dos, si no de hasta tres personalidades civiles bajo las que oculta su identidad superheróica: el mercenario Marc Spector, el taxista neoyorkino Jack Lockley, y Steven Grant, un millonario con un parecido más que razonable al binomio Bruce Wayne/Tony Stark. Doug Moench define también a los personajes secundarios que serían recurrentes a lo largo de su cruzada y confiere definitivamente al protagonista la cualidad de héroe enmascarado, algo que no había quedado muy claro en su enfrentamiento previo con el Hombre Lobo.

El guionista, poco deseoso de que su creación interactue con el resto de personajes del universo Marvel, recrea a un personaje misterioso de marcado carácter individualista, aunque fue precisamente en una de las poquísimas ocasiones firmadas por Moench (otra cosa son los team-up rubricados por otros autores) en la que conformó equipo con Daredevil cuando un servidor descubrió por vez primera a este cautivador personaje, echando por tierra toda mi elaborada teoría en detrimento de los superhéroes con capa.

Sea como fuere, y a pesar del éxito de la miniserie, el proyecto no terminó de cuajar y el Caballero Luna languideció durante dos largos años hasta que Ralph Macchio (me refiero al editor de la revista The Hulk!, no al que daba y pulía cera) propuso a Moench retomar al personaje para que complementara el magazine del gigante verde (me refiero a La Masa, no al del maíz en lata), pero con una condición, que sustituyera a su dibujante habitual y padre grafico de la criatura, Don Perlin, por un jovenzuelo de apellido impronunciable que con el paso de los años habría de convertirse en uno de los referentes más icónicos de la historia del medio, el mismísimo Bill Sienkiewicz in person. La idea no sentó nada bien a Moench, pero el tiempo le ha dado la razón a Macchio. No en vano el trabajo de la joven promesa en The Hulk! números 15, 17, 18 y 20 con el Caballero de protagonista se ha reeditado en diversas ocasiones, no así las historias del personaje titular del magazine, por algo será.

Su siguiente aventura de 40 páginas en pos de la ansiada serie regular sería publicada en Marvel Preview numº 21 de 1980, año en el que por fin y tras un lustro rondándola, El Caballero Luna se hace acreedor de su propia colección iniciada en el mes de noviembre con Moench y Sienkiewicz a cargo de guión y dibujo en la que darían buena cuenta de los orígenes y motivaciones del lunático más emblemático de Marvel Comics.

Obviando nuevos y bienintencionados relanzamientos recientes a cargo de vacas sagradas como el escritor Brian Michael Bendis junto a Alex Maleev, o con otros ilustradores destacados como Mark Texeira o el espectacular David Finch de por medio (sin olvidarme en absoluto de la maravillosa versión patria interpretada por López Espí en las portadas editadas por Vértice) lo cierto es que el punto álgido de la trayectoria de este irregular personaje, desde mi falible punto de vista, es la etapa dibujada por Bill Sienkiewicz. Con él a cargo de los lápices y aun bajo a la influencia de Neal Adams, su autor de referencia inicial, la figura del Caballero se estiliza y adquiere personalidad propia alejándose de la inevitable y odiosa comparación con su tocayo oscuro. La capucha del uniforme es rematada en punta sobre la frente dándole un aspecto picudo más amenazador y la capa se desengancha de los antebrazos alargándose por momentos, dándole la apariencia de media luna desplegada que la convierte en uno de los accesorios visuales más inútiles, sí, pero también más chulos de la historia de superhéroes con capa, por mucho que Edna Moda reniegue de ella.

Lluís Ferrer Ferrer ®

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