viernes, 24 de abril de 2015

'El motorista fantasma' (1972) De Gary Friedrich, Stan Lee y Mike Ploog

LA MALDICIÓN DEL JINETE

Son pocas las veces en que un personaje tan chulo y con una iconografía tan espectacular como la del Motorista Fantasma ha resultado tan poco afortunado en la historia de los cómics.

A todos los héroes considerados “de culto” en Marvel Comics les llegó tarde o temprano algún autor excepcional que tomó las riendas de sus decrépitas series regulares para transformarlos en fenómenos de masas a través de una nueva óptica, una perspectiva audaz y valiente desde la que acercarse a personajes que en apariencia no daban más de sí. Tal es el caso, por poner solo un par de ejemplos, del Thor de Walt Simonson o el Daredevil de Frank Miller. A día de hoy, tras más de cuarenta años desde su primera aparición en Marvel Spotlight numº 5 fechado en agosto de 1972, esta co-creación tardía del inevitable Padre De Todos Y Cada Uno De Ellos, Stan Lee (EE.UU, 1922) en colaboración con el guionista Gary Friedrich (EE.UU, 1943) y el dibujante Mike Ploog (EE.UU, 1942) aun sigue huérfano de esa piedra de toque angular definitiva que le haga salir de su círculo de fieles pero endogámicos adeptos para darse a conocer ante el gran público con una gran historia definitoria, y no como ocurre hasta ahora, solo por el mero hecho de ser uno de los iconos más reconocibles del pasado siglo XX.

Pero ¿qué hace que un personaje de semejante impacto visual resulte tan poco atractivo a los ojos del lector del mainstream? Las teorías barajadas van desde lo confuso de sus orígenes (todos sabemos que a Peter Parker le mordió una araña y se transformó en Spiderman, o que Superman es un alienígena venido del planeta Kripton, pero muy poca gente sabe quien es o de donde viene el Motorista) pasando por sus extraños poderes y su capacidad de cabalgar entre dos mundos, el terrenal y el mismísimo infierno; y eso por no mencionar lo absurdo que resulta tener a un “antihéroe” (tal vez calificarlo de superhéroe, aunque se englobe dentro de esta categoría del género, sería un tanto arriesgado) con dos alter ego civiles que cargan a cuestas con el espíritu diabólico Zarathos y la maldición del jinete (rider en inglés) mientras cohabitan simultáneamente e incluso llegan a combatir entre ellos. Me estoy refiriendo a Johnny Blaze, el “original” desde que en 1972 resultara engañado por el mismísimo Mefisto en un trueque por salvar la vida de su padrastro; y a su hermano pequeño Danny Ketch, quien también ocupa el cargo desde 1990, una idea peregrina que no ha dado los frutos esperados en ningún momento

Así las cosas, parece increíble que todavía ningún escritor haya conseguido exprimir el jugo de una creación tan chula como el Motorista y su variada gama de superpoderes que van desde la capacidad de proyectar llamas, viajar entre dimensiones o manejar una cadena mística que puede alargarse a voluntad y tiene la capacidad de atravesar cualquier cosa. Si a todo ello añadimos su fuerza y resistencia sobrehumana, su factor autocurativo, su “mirada de penitencia” (un recurso espectacular donde los haya que obliga a los villanos a experimentar en sus propias carnes todo el daño emocional ocasionado a sus víctimas) y sobretodo y por encima de todo, esa fantástica moto envuelta en llamas de fuego infernal, nos encontramos ante una de las creaciones con más posibilidades de ser convertido en un blockbuster en toda regla…o no.

Parece que la sombra de la maldición del jinete es oscura y alargada, y los trabajos recientes de autores que intentan afiliarlo a grupos como Los Nuevos Vengadores o Los Nuevos 4 Fantásticos tampoco terminan de cuajar lo suficiente como para darle la oportunidad de lucirse como se merece, en solitario y derritiendo asfalto bajo las ruedas de su motocicleta infernal.

Existen dos adaptaciones cinematográficas recientes de Gosth Rider, ambas protagonizadas por Nicholas Cage, fan declarado del personaje hasta sus últimas consecuencias. En la primera de ellas se opta por desarrollar al personaje original, Johnny Blaze, a lo largo de una trama tan bienintencionada como necesariamente simplona añadiría yo, ya que consigue trillar el grano de la paja planteando un origen claro del antihéroe sin dejar lugar a dudas sobre sus motivaciones. Recomendable y entretenida sin pretensiones añadidas. La segunda peli es inexcusablemente mala, no le daremos más vueltas, pero merece la pena visionar ambas entregas para deleitarse con la espectacular recreación visual del jinete en movimiento. Si me apuráis, diría que todo lo demás incluso sobra. A falta (pero aun a la espera) de ese gran cómic que reivindique de una vez por todas a nuestro protagonista de hoy, el mero hecho de ver al Motorista Fantasma cabalgando a lomos de su motocicleta infernal bien merecen el precio a pagar por ello, aunque sea entregar nuestra propia alma al mismísimo demonio.

Lluís Ferrer Ferrer ®

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