viernes, 29 de abril de 2016

'Por nuestra cuenta' (2006), de Miriam Katin

SOBREVIVIR MATANDO A DIOS

Cuando la persecución se hace insoportable durante ocupación nazi de Budapest, la judía Ester Levy decide fingir su propio suicidio junto a la muerte de su hija y autora de la novela gráfica, Miriam Katin, para evitar ser destinadas al gueto donde les espera la “solución final” ideada por Hitler y escapar a una localidad cercana a la frontera rusa gracias a los salvoconductos falsos conseguidos en el mercado negro. Allí son acogidos por una familia de viticultores hasta la llegada de los alemanes, cuyo comandante se encapricha de Ester convirtiéndola en su esclava sexual. La llegada de los rusos en las postrimerías de la 2ª guerra mundial no parece mejorar la situación, ya que estos arrasan con todo a su paso en busca de botín de guerra, ya sea material o humano. Nuestra protagonista y su hija deben huir una vez más para ser rescatadas de nuevo en Borosvár por un empresario que les da refugio en su propia casa. Finalmente, el marido de Ester y padre de Miriam, un soldado superviviente del ejército húngaro, consigue localizarlas y reunirse con ellas.

Si bien la semana pasada reseñábamos Blankets, una autobiografía donde el carácter intimista era el predominante, Por nuestra cuenta abunda además en el contexto histórico donde se desarrolla la acción; no tan profusa ni dramáticamente como en Maus, pero si lo suficiente como para que se nos encoja el corazón ante las calamidades vividas en primera persona por nuestra pareja protagonista durante la tormenta de horror nazi desatada en Europa el pasado siglo.

El soberbio estilo pictórico desarrollado en la novela gráfica recuerda engañosamente a los libros infantiles de cuentos ilustrados, y eso a pesar de que la suciedad de sus lápices no escatima en detalles realzando la crudeza del conflicto bélico y las penurias con las que deben lidiar. El dibujo ofrece pocas concesiones con apenas un par de fogonazos a color cuando la historia se traslada a Nueva York a finales de los 60 y principios de los 70, mostrando brevemente a la autora de las memorias ya asentada junto a su propia descendencia. Por ponerle alguna pega; no me gusta la portada, en absoluto. Creo que no le hace justicia a la pequeña maravilla que se oculta dentro.

Tampoco destripo nada relevante cuando digo que Mirian Katin sobrevivió a la tempestad -de lo contrario hubiera resultado complicado publicar una autobiografía años más tarde, ¿no os parece?- y que una de las consecuencias más destacadas del conflicto fue el giro al ateismo por parte de su familia ante unos hechos que evidenciaron a las claras de su dios no existía, y que si habían conseguido burlar a la fatalidad del destino en la que ardieron 6.000.000 de sus congéneres de confesión religiosa fue única y exclusivamente por méritos propios…de ahí el título de la obra, Por nuestra cuenta.

Sea como fuere, ni la autora ni su familia son gente que se dejaran amedrentar fácilmente, y tras el levantamiento húngaro de 1956 se aventuraron con todas sus consecuencias en un kibutz (comuna de carácter sionista socialista) a sólo dos pasos de la frontera con Egipto, en el nuevo Israel recreado artificialmente por las potencias aliadas para paliar en parte el desagravio sufrido. La propia Katin explica en unas reveladoras notas al final de la obra que su verdadera educación fue la que recibió durante el servicio militar en el ejército israelí. Poco después, en 1963 y a la edad de 21 años, emigran todos a Nueva York, lugar donde se dio una curiosa paradoja, ya que si bien el ateismo familiar no había resultado inconveniente alguno durante su estancia en Hungría o el propio Israel, en Estados Unidos resultó ser todo lo contrario. Siendo judíos no sólo tenían que simpatizar con la comunidad ultraconservadora local, sino que además debían demostrar su militancia activa en ella, un hecho que le acarreó no pocos problemas con su propio marido en lo referente a la educación de su descendencia en un colegio hebreo.

Tras una nueva estancia en un kibutz fronterizo junto al Mar Muerto en 1981, Miriam Katin regresa otra vez a Nueva York donde engrosa su currículo profesional trabajando en proyectos animados para Nickelodeon, Disney o la MTV.

Durante el proceso creativo de Por nuestra cuenta, su madre, aun viva por aquel entonces, la miraba con recelo haciendo caso omiso a las afirmaciones de Miriam, quien insistía en que a esas alturas la gente susceptible de verse incordiada por el relato ya estaba muerta o no le importaba. Ester Levy, con su aguzado sentido de la supervivencia aun intacto, siguió creyendo a pies juntillas que alguien podía leerlo, sentirse ofendido, e ir a por ellas.

Lluís Ferrer Ferrer ®

No hay comentarios:

Publicar un comentario